La memoria y su revelación

 

A Santiago Rodríguez Olazábal le incomodan demasiados los espíritus, más que los objetos y la realidad. ¿Qué puede hacer? ¿Abstraerse en los juegos comunes del hombre de los finales del siglo XX? ¿Abstenerse de actuar por temor a chocar con las piedras y quebrar los cristales? ¿Debe ignorar las piedras y los cristales? Es la noche más profunda. Mientras cae la lluvia se abandona a la memoria genética depositada en su ADN, porque afuera está el vacío y dentro el deslumbrante ejercicio para el conocimiento de sí mismo y su revelación.

  • CARA A CARA, nos recibe el gran talismán, sus cascabeles imponen el mito de Narciso que está en todas partes. Nos persigue, nos obliga a la búsqueda de la auto-perfección. Desde el momento mismo en que agitamos el velamen de sus paños, sentimos la primera vida de los sonidos de los racimos de cascabeles y nos enfrentamos al rostro pálido y plástico de muñeca de salón, pigmentado con tintes orgánicos (ecologistas) a sus macutos atados y colgantes sus trapos, pelos, sonajeros que construyen este espejo de la estatua que queremos ser, de los males que queremos conjurar. En la invención de los espejos se encuentra la etimología de Narciso y aunque no nos permitan tocarlo demasiado algo es algo. En cuanto algún desavisado interviene para advertir en la pobreza de los sueños, se escucha (¿no lo ves acaso?), el ruido de los vidrios rompiéndose.

 

  • ABIKU, es el jimagua. Santiago es el sobreviviente. El espíritu de la madre dialoga con el muerto. Defiende a su hijo vivo. El abiku desborda de self-love. Una mano crispada, el espejo, (los labios, los ojos, la nariz, es la ánima) con los ojos bien abiertos, la fijeza obsesa de las pupilas dilatadas…la luz implacable de un sol igual a él, centrado en el cielo da sobre el rojo, amarillo, negro. El dúo de la madre muerta y el sobreviviente para ganarle al otro, al opuesto, en un dialogo que busca en los misterios.

 

El díctico abiku, conjura lo nefasto; objetualiza la lucha de los espíritus contrarios (vida-muerte), descubre el amor infinito de la madre por su hijo. También se declara por la preservación de la bondad, de la luz, extrapolando al ser brutal que cansa y agota a la madre. No es lo absoluto, sino lo cercanamente relativo: los seres se individualizan. La magia deviene virtud y las imágenes, despojadas de su materialidad, se absuelven.

  • IBEJI ORO IRE IKU, IBEJI IBIKULA NIMBE, es la fijación del tiempo y el espacio eternos: el artista insiste en captar a la muerte en una relación particular. El primero de los trillizos que fallece (ideu) insiste en acompañar a sus hermanos restantes y ayudarlos. Es el momento en que los Ibejis rezan por su bien a Ikú y viven con grandeza. De la obra emana una violencia dulce que muestra la evolución del creador en el orden espiritual que lo devuelve a aquella región de su ser que todavía es el refugio de su infancia. Capta aquellos momentos consumados. A su manera encuentra un espejo para verse. Trata de ser suficiente, remendar la discontinuidad de su propia mirada. Verse niño otra vez.

 

  • AWO, es el secreto. La fuerza del espíritu, la energía de la madre Tierra. La unión de lo sofisticado y lo natural, lo rudo y lo frágil. Otro objeto, la misma palabra, el mismo sujeto. Siempre la misma concatenación de fenómenos con naturalidad. Antes de mirar esta pieza artística, pronunciad conmigo esta invocación: dos imágenes con multitud de valencias, sólo podemos lanzar la moneda al aire y apostar: cara o cruz. ¿Viajaremos del sur al norte?, ¿del este al oeste? ¿Y el libre albedrío? El Hombre en una cadena migratoria cubre el planeta de alas. Las serpientes en su sabiduría conocen de antemano nuestros sentimientos y nuestros deseos más sagrados.

 

  • ASHE AWO, lo perfectamente indefinido, la virtud del secreto. Pienso que existen seres cuya única voluntad consiste en depositar su destino en todas las manos. Pero antes logrará el Hombre alcanzar las estrellas, que el don de la inmortalidad, antes encontrará la fuente de la juventud que podrá el pinchazo de una aguja. Lo accidental pone en valor capital en el espectro de las transmutaciones, porque todo hecho grave o pasajero nos mantiene atados por una cadena (invisible) a los que se fueron, cada criatura humana flotando desde su primer instante de gestación en las ondas concéntricas de la energía centelleante de los que la perciben. El pasado es de un valor excepcional como referente de la vida religiosa y humana. Una suerte de revelación.

 

  • CONSAGRADO, el perro. La solidaridad de la bestia. Padecemos de tantas protecciones, dependemos de un número tan fabuloso de transacciones y de tal multitud de gentes deseosas de “ayudarnos” que sería todo demasiado terrible si no nos encontráramos con nuestro amigo, el perro. Cada empresa humana nos da la posibilidad de sentirnos excepcionales, alumbrados, poseedores de cualidades maravillosas, sobornos para mantenernos en la competencia. Sólo el perro nos arma y vive consagrado al espíritu.

 

  • OKAN TUTU, corazón fresco. Cuando el centro esté calmo, el cuerpo todo se ennoblece. Lo cósmico a través del corazón, la jaula del pájaro desde donde se producen las vibraciones del alma. La serpiente blanca, la sabiduría blanca, apunta hacía el vuelo inexplicable del colibrí, una energía inconsciente. Fuerte y delicada. En las manos del gran creador se deposita el misterio de una relación entre el espíritu y la emoción.

 

  • LA CABEZA DE MI OGUN, el gran rostro de madera quemada, perforada, raspada, muestra dientes de niño. Pesa sobre la imagen antropomorfa marcada por el hierro. Pero este ser salvaje será domado por el amor, ese amor que buscan sus manos.

 

Revelación final.

El instinto de rebelión habita el espíritu. El espíritu es la serpiente ágil y tensa, es la línea exacta y el signo ideal. El cuerpo (materia) lo arrastra repitiendo una y otra vez, que no puede abandonarlo. Un horizonte precario separa raídos contrarios. El alma se arraiga y crece generación tras generación, desafiando a los ejércitos de las tentaciones, se hunde en los huesos, en las oquedades vacías de la médula, vacilando si mantenerse en la superficie de la piel o madurar en el árbol del conocimiento. Santiago Rodríguez Olazábal se abandona al espíritu, evadiendo las tentaciones.

Como resumen de su poética, su obra MUTACIÓN DE UNA VISIÓN, compuesta de 5 dibujos (técnica mixta con collage) nos demuestra como busca la perfección, como se agarra al conocimiento de su pasado, que conforma un árbol genealógico del espíritu. Revela otro tipo de belleza, una visión no occidental del canon. Experimenta la obligación de crear su concepto de estética al íntimo contacto de crear sus objetos rituales heredados de sus antepasados. En un mundo de contrarios, trabaja con los contrarios.

Es el oscuro esplendor.

Luces, luces del amanecer.

 

Manuscrito del libro objeto-catálogo (4 ejemplares) de la exposición EL DESTINO ES TUYO, con Carlos Estévez. Galería Latinoamericana, Casa de las Américas. 1995. La Habana, Cuba

 

Lázara Castellanos. Miércoles 16 de agosto de 1995, 6 am
Crítico de Arte, poeta, novelista y curadora